Por Ignacio Valente

Scott Fitzgerald (1896-1940) miraba en menos su centenar y medio de cuentos (en comparación con sus novelas), y muchos le creyeron esa opinión peyorativa, reforzada por el hecho de que los escribiera a granel, y para revistas de amplia circulación, sobre todo el Saturday Evening Post , y aun más, en rápida sucesión (por estricta necesidad económica: de eso vivía). Y por eso tardó décadas su revaloración como eximio cuentista, que hoy es incuestionable.






