Por Javier Campos*
Recuerdo que un intelectual mexicano muy conocido me dijo en una conversación una vez que él tenía 9 gatos. Luego vi una foto en el diario La Jornada de México en el lugar de trabajo de su casa. Era cierto. Gatos por todas partes: sobre sus libros, uno sobre un diccionario, otro que lo miraba mientras su amo escribía algo en la mesa. También Ernest Hemingway en su casa de Habana tenía más de 20 gatos a parte de varios perros. Como no recordar su breve cuento “Gato en la lluvia” (“Cat in the rain”) quien García Márquez sostiene que es uno de los mejores cuentos que ha leído justamente por su semejanza a un “iceberg”: su breve y aparente simple historia esconde debajo una multitud de interpretaciones y sugerencias.
Recuerdo que un intelectual mexicano muy conocido me dijo en una conversación una vez que él tenía 9 gatos. Luego vi una foto en el diario La Jornada de México en el lugar de trabajo de su casa. Era cierto. Gatos por todas partes: sobre sus libros, uno sobre un diccionario, otro que lo miraba mientras su amo escribía algo en la mesa. También Ernest Hemingway en su casa de Habana tenía más de 20 gatos a parte de varios perros. Como no recordar su breve cuento “Gato en la lluvia” (“Cat in the rain”) quien García Márquez sostiene que es uno de los mejores cuentos que ha leído justamente por su semejanza a un “iceberg”: su breve y aparente simple historia esconde debajo una multitud de interpretaciones y sugerencias. 




